Empezar bien el día: algunos consejos

Buenos días.  ¿Sabías que nuestros pensamientos determinan nuestras emociones?   No es un mecanismo tan fácil como parece, pero es interesante darle una vuelta para intentar sentirnos plenos y sentirnos mejor. Con buenos pensamientos mañaneros conseguiremos afrontar el día de forma plena.

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Esta misma  mañana, jueves 22 de febrero de 2018,  he buscado en Google  ‘Cuál es la mejor forma de empezar el día’. No sé por qué he decidido hacerlo. Simplemente, tenía la curiosidad y me ha salido este post  que me ha dado algunas pistas y me ha invitado a hacer ciertas reflexiones.

En aquel post, uno de los indicadores que señala es empezar el día con un buen desayuno, después, leer un libro y dejar las noticias para después… Lo del desayuno, lo compro. En mis pensamientos internos creo que tras ir al baño y pegarte un duchazo hay que comer para que tu cerebro tenga gasolina.  Por lo menos ese es mi pensamiento y hacia el que suelo tender. Eso de leer un libro: tengo mis dudas. Leerte un libro entero con todo lo que hay que hacer puede ser realmente complicado. Pero sí que compro la idea de que hay que mantenerse un poco al margen de todo lo que pasa, de la actualidad, de las redes sociales, leer algo bonito y después seguir el día con toda la hecatombe de noticias, notificaciones y la puta madre que las parió ( podéis leer este interesante artículo a propósito de lo petardeamos que estamos de las Redes Sociales). A la conclusión a la que quiero llegar es: primero, hay que sentirse bien con uno/una mismo/a, y después, viene todo lo demás. Después ya podremos estar a pleno rendimiento con llamadas telefónicas, dispuestos a recibir noticias, hablar con personas, correr para alzanzar el autobús, hacer un esfuerzo físico…

Otra de las cosas que acabo de hacer durante esta mañana es verme a mí mismo en el espejo. De esto también habla el post que he buscado en Google: cuidar nuestra apariencia física.

Qué importante es vernos a nosotros mismos en el espejo y analizar qué estamos proyectando a los demás. Cuidarnos, lavarnos la cara, peinarnos. No solo para los demás sino también para nosotros mismos. Si nos vemos más guapos, nos veremos más confiados y nuestros pensamientos serán positivos. Unos seremos más feos otros más guapos pero somos seres humanos: todo el mundo tiene belleza por el mero hecho de existir. Nadie puede avergonzarse de lo que es y de lo que proyecta: eso sí, mejor si uno saca partido al máximo.

Como este post podría ser eterno, como conclusión de esta mañana creo que es lo más importante es que intentemos controlar nuestros pensamientos y no irnos por los cerros de Úbeda. Eso sí, hay que centrarnos en nuestros pensamientos sin avergonzarnos de lo que estamos sintiendo en cada momento.

Este post, me ha ayudado a centrar ideas. A por el jueves.

Seguimos

Álvaro

 

 

 

 

 

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Confesiones sobre la sociedad en la que vivimos

Sinceramente, creo que hace falta una regeneración de los valores de la sociedad española donde se endiosa a los jugadores de fútbol y se premia lo banal . Tengo la suerte de encontrarme en un momento de mi vida en el que paso bastante tiempo solo y eso me da pie a reflexionar sobre lo que hay ahí fuera.

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Una de las que más me impacta es la adoración de los jugadores de fútbol. ¿Es que nadie se da cuenta de que son chavales dando patadas a un balón? ¿Te hace ser mejor persona alabar y ‘semiendiosar’ a un equipo, un escudo o a cierto jugador? Sinceramente, aunque me gusta el fútbol, creo que mucha gente pierde el tiempo.

En las grandes ciudades como en Madrid, la gente vive demasiado deprisa. Es demasiado anónima y egoísta. Creo están equivocados: sacrifican su salud mental y física para poder amasar más y más dinero. No hay más que echar un vistazo para ver la desgracia de algunos. Sí, la cara es el espejo del alma.

¿Es tan difícil cambiar?

Aunque no me encuentro en uno de mis mejores momentos mentales, sinceramente me estoy dando cuenta de muchas cosas que antes no veía. Una de ellas es que la vida no es tan difícil, que nos la complicamos nosotros mismos y que hay que ser más simple.

Aún así, no nos debemos olvidar que formamos parte de un sistema y que las reglas de juego son las que hay. Para poder participar hay que cumplir una serie de requisitos.

 Y es ahí donde hay que actuar: intentar mantener el equilibrio entre lo que uno intenta proyectar y esas reglas de juego que, muchas veces, nos hacen jugar malas pasadas. Y es que en muchas ocasiones esas reglas nos hacen cabrearnos, llorar, gritar y estar tristes…  Al fin y al cabo lo que hacen es rebajarnos como personas.

Espero que esas reglas no se conviertan en mis principios y seguir fiel a los mismos.